La UCA advirtió que la baja de la pobreza debe leerse con cautela y marcó diferencias con el dato oficial

La Universidad Católica Argentina (UCA), a través de su Observatorio de la Deuda Social, advirtió que la reciente baja de la pobreza en los indicadores oficiales debe analizarse con cautela y no necesariamente implica una mejora estructural en las condiciones de vida de los hogares. Según esa mirada, parte de la mejora podría estar influida por cuestiones metodológicas y por cambios en la forma de captar ingresos, más que por una recuperación sólida del poder adquisitivo o del empleo.

El planteo toma relevancia luego de que el INDEC informara que, en el segundo semestre de 2025, la pobreza alcanzó al 28,2% de las personas y al 21,0% de los hogares en los 31 aglomerados urbanos relevados. En el primer semestre de 2025, ese indicador había sido de 31,6%, por lo que el dato oficial mostró una baja entre ambos períodos.

De acuerdo con análisis difundidos sobre la base de estimaciones de la UCA, la pobreza por ingresos medida por el Observatorio se ubicó en torno al 36,3% en el tercer trimestre de 2025, por encima del 31,6% informado previamente por el INDEC para el primer semestre. Esa diferencia refleja, según los especialistas, que la pobreza no debería evaluarse solo a partir del ingreso monetario, sino también considerando carencias más profundas y persistentes.

En esa línea, desde la UCA vienen señalando desde hace tiempo que los datos de pobreza monetaria pueden no captar por completo la situación real de los hogares, especialmente cuando persisten problemas de informalidad laboral, precariedad y dificultades de acceso a servicios básicos. El enfoque del Observatorio insiste en sumar una mirada multidimensional que contemple variables como vivienda, salud, educación y condiciones de integración social.

Así, más allá de la mejora registrada en la estadística oficial, la advertencia apunta a evitar lecturas simplificadas. La discusión no pasa solo por cuántos ingresos entran en un hogar, sino también por cuánto rinden esos recursos y qué nivel de bienestar efectivo permiten sostener en la vida cotidiana.

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