Pobreza infantil
La pobreza infantil bajó desde el pico del 70,4% alcanzado en 2024, pero en el primer trimestre de 2026 todavía afecta al 42,5% de los niños, niñas y adolescentes (NNyA), según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Además, la indigencia infantil, por su parte, bajó del 30,6% al 9,5% en el mismo período, tras la suba de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, medidas que buscan sostener ingresos familiares y garantizar el acceso a alimentos esenciales.
Según las estimaciones del informe, sin esas transferencias la indigencia infantil no sería del 9,5%.
Además, treparía al 16,4%, mientras que la pobreza pasaría del 42,5% al 47,8%.
Las investigadoras Valentina González Sisto e Ianina Tuñón, autoras del estudio, señalaron: “Las transferencias garantizaron un piso mínimo frente a la indigencia.”
En general, no alcanzaron para algo tan básico como salir de la pobreza.
Por encima de los niveles de 2018.
Pobreza infantil
Pese a la baja frente a 2024, la pobreza infantil se mantiene por encima de los valores de 2018. En 2018, alcanzaba al 39,4% de los menores de 18 años.
Además, el indicador se deterioró hasta el 55,7% en 2023 y llegó a un máximo de 70,4% en 2024. Sin embargo, retrocedió al 46,9% en 2025 y al 42,5% en el primer trimestre de 2026. Entre los adultos, la pobreza se ubicó este año en 25,3%.
La indigencia siguió un recorrido similar: alcanzó el 30,6% entre los menores de 18 años en 2024.
Es casi el doble del 16,2% registrado entre los adultos.
Además, descendió al 9,5% en 2026, frente al 5,3% de la población adulta.
El rol de la AUH y la Tarjeta Alimentar
Según la UCA, la AUH y la Tarjeta Alimentar explicaron más del 90% de la reducción estimada de pobreza infantil. Además, fue entre el 97% y el 98% de la reducción de la indigencia en 2025 y 2026.
Además, el informe indicó que, entre los hogares pobres no indigentes, la brecha con la Canasta Básica Total se mantuvo. Esto indica que quienes siguen en esa situación no están sustancialmente más cerca de superarla.
Además, se observa empleo informal y hogares monomarentales.
Los niños que viven con adultos desocupados o en empleos microinformales registraron las mayores tasas de pobreza e indigencia.
Además, en 2026 existe una diferencia de más de 50 puntos porcentuales entre hogares con jefe o jefa asalariado formal y otros desocupados.
Entre un hogar con jefe o jefa asalariado formal y otro donde esa persona está desocupada, la brecha es notable.